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sábado, 1 de enero de 2011

El poni


En una granja grande había un poni negro
Todos los niños querían…
Montar en el poni, por que era pequeño
Le ponían la silla y al poni montaban.

Y el poni orgulloso de su dulce carga
Más veloz que el viento el campo trotaba
A todos sus amigos, que Vivian en la granja
Los lucia orgulloso y los presentaba.

Un día los maestros reunieron a los niños
Para que pensaran…
Que nombre ponerle a su buen amigo
Y todos los niños estaban de acuerdo…
En llamar chiquito a su poni negro.

Ana Olmo

El pensador


Desde mi ventana, con mirada triste veo la vida,
En el frió invierno, de vientos cruzados que hielan mi alma
Por las callejuelas, lúgubres y oscuras, se fragua el olvido,
Y retumban, los pasos de hielo, rompiendo la calma.

El viento que sopla, se lleva arrastrando las voces,
Voces plañideras, de luto vestidas,
Herrumbre que sabe, a lágrima y muerte,
Y entre tanta gente, la parca me guiña.

Cierro la ventana, y busco el calor y el cobijo,
En el tálamo blanco, de ilusiones prestadas,
Que amanezca quiero, para que entre el sol,
Y me borre el guiño, que me hizo la parca.

En los atabales de mi angosta vida, suenan los tambores,
Y en mi larga noche, el bajel del miedo, llenó la bodega,
Yo estoy buceando, en este mar negro sin tener a nadie,
Que me quite lastre, y aleje mi mente, de la parca negra.

Y sigo pensando, en mi tálamo blanco,
Se pudrirá mi mente, en este invierno frío,
De mi cuerpo ajado, se escapa la vida,
Como el agua escapa, cuando crece el río.

Ana Olmo

El pavo


Era un pavo gordo y rollizo
Que vivía en un caserío
Era un pavo muy feliz
Y allí comía de vicio.

Los dueños lo malcriaban
Le daban todo lo bueno
Y el pavo todo orgulloso
Se dirigió a los conejos.

Les dijo…Miradme chicos
Soy un pavo muy hermoso
Mirad que colores tengo
Yo si me siento seguro
Del cariño de mis dueños.

Los conejos lo miraban
Atónitos y perplejos
Pues…nosotros no quisiéramos
Estar dentro en tu pellejo.

-Con las fechas que se acercan
Más bien debieras temblar
Pues a ti te están cebando
Para la cena de navidad.

El pavo mira alarmado
A los conejos astutos
¡Por Dios no digáis eso!
Que me habéis dado un buen susto.

Pues…Si no quieres servir
De vianda en noche buena
Ya te puedes inventar algo para adelgazar
Que la cosa pinta muy seria.

Que nadie ofrece manjares
A un pavo tan petulante
Si no hay alguna intención
De hacer con el un ágape.
Ana Olmo

El patriarca


Escribo desde la soledad
Por que no comprendo
Desde mi alejamiento
Impuesto por la vida
Con mis lágrimas,
Que son mi único consuelo
Y que son el río
Donde lavo mis desdichas.
He pasado la vida
Vacía de sensaciones
Siempre intentando agradar
A quien me oprime
Poniendo toda la fuerza
Con la intención
De dejar a mi corazón
Que sin odios vuele libre.
Bajo el dedo acusador
De un dictador patriarcado
Sin levantar la vista
Ni gesticular palabra
Temblando en la oscuridad
De mi habitáculo
Me dominaba el miedo
Y mojaba las sabanas.
Grabado en mi memoria
En color púrpura
Un desgarrador
Suspiro y un lamento
Restallando en el aire
Una sombra de maldad
Y una silueta
Enarbolando un cinto negro.
Ha pasado el tiempo
Y ya tengo mis años
Y el soberbio dictador
Dejó este mundo
Dejó una prole
Engalanada de gran rabia
Sufriendo la impotencia
De no poder llorar
A quien fue su creador…
Y su verdugo
Ana Olmo

el olvido


¡¡Madre!! Que grande es esta palabra, y como la empequeñeciste.
Yo no me di cuenta de ello, hasta el día que te fuiste.
Nunca escuché de tu boca,
Una palabra de aliento, o una frase de cariño
Jamás nunca me abrazaste, como una madre a su hijo
Todo fueron desagravios, y desprecios ofensivos.

Largos se hicieron los años, y fueron creciendo tus hijos
Como perdidos cachorros, sin un vientre de cobijo
Nos fuimos haciendo mayores, y fuimos buscando un sitio
Donde sentirnos a salvo, del que era tu marido.

Nunca te enfrentaste a el, jamás nos as defendido
Solo sembraste cizaña en un campo de cultivo
Siento que no estés aquí, y siento como té as ido
Pero tu descansa en paz, y si ves a tu marido
Dile que todos sus hijos, a pesar de sus pesares
Seguirán estando unidos.
Ya no nos queda rencor, ni amor, ni odio, solo nos queda el olvido.

Ana Olmo

El ogro


Queridos niños que estáis
Sentados haciendo un coro
Todos callados y atentos
Y si os portáis bien
La profe os cuenta un cuento.
Un cuento de duendecillos
Y de gnomos pequeñajos
De hadas y feas brujas
De monstruos enrabietados.

Era una vez un castillo
Con unas almenas negras
En el vivía un gran ogro
Con ideas muy siniestras.
Dicen que salía de noche
Amparado en la negrura
Cuando nadie lo veía
Por que la noche era oscura.

Buscaba niños perdidos
Que se escapaban de casa
Les ofrecía caramelos
Chocolate y golosinas
Y ellos perdían la baba.
Luego que los convencía
Se los llevaba al castillo
Los bañaba los vestía
Y los hacia sus amigos.

Por que el ogro no era malo
Es que se encontraba solo
Y buscaba compañía
Por que sabia que era feo
Y que nadie lo quería.
Por eso niños debemos
Buscar la belleza interna
Por que la del exterior
El tiempo la vuelve fea.
Ana Olmo

El niño


Cuando me alejo de tu lado, yo quisiera,
Llevarte como sombra de mi cuerpo,
Caminar quisiera, siempre contigo,
Y ser quien dé vida, a tus pensamientos.

Me encanta escuchar, mientras tú me explicas.
Pócimas antiguas, de ungüento y remedios.
Me gustan los gestos, que haces al hablar.
Y nunca me canso, de mirar tu cuerpo.

Espero que tú no te canses de mí.
Lo mismo que el niño, que jugar desea,
Que coge el juguete, lo gira y lo mira,
Y cuando se cansa, se marcha y lo deja.

El día que tú quieras, alejarte de mí.
No inventes excusas, ni falsas respuestas.
Dime simplemente, que no me deseas.
Y yo marcharé, cerrando la puerta.

Pero mientras tanto, jugaremos juntos,
Tu serás el medico, y yo la enfermera,
Tú me das el suero, y yo lo suministro
Para darle vida. A todas mis penas.

Ana Olmo